📜 Una plaza, un bombardeo y un mito peronista que jamás se despeina
- La Pocilga Online

- Jun 18, 2025
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Cada 16 de junio, las voces del movimiento justicialista afilan sus gargantas y pulen sus discursos para recordar el bombardeo a Plaza de Mayo en 1955 como si hubiera ocurrido ayer, esta mañana o incluso durante la gestión de Milei.
El relato épico no falla: la "resistencia popular", el "pueblo indefenso", la "oligarquía asesina", y por supuesto, los "trabajadores mártires". Lo curioso es que nunca mencionan que el objetivo era Juan Domingo Perón, ni que el contexto era una Argentina ahogada en autoritarismo populista, con proscripción, adoctrinamiento y sindicatos con más poder que el Congreso.
¿Un hecho trágico? Sí. ¿Usado políticamente desde entonces? También.
El bombardeo fue sin dudas un horror: aviones navales atacando su propia capital, matando civiles y generando un trauma nacional. Una barbaridad. Pero como suele pasar en Argentina, la historia no se termina ahí, ni empieza donde la quiere el peronismo.
Los pilotos que participaron, torpes y con más plomo que estrategia, creyeron que eliminando al tirano se resolvía la tragedia. Una especie de “Ctrl+Alt+Delete” militar para resetear el país. La intención, a decir verdad, no era errada: Perón había transformado la república en un culto a su persona, perseguía opositores, censuraba la prensa y usaba al Estado como herramienta de su ego desbordado.
Pero claro, el método fue el peor posible. Un sainete golpista sin timing ni plan político. Como todo lo que hace la Fuerzas Armadas cuando se las deja pensar solas por más de cinco minutos.
La idea no era mala, pero la ejecución fue militar
El país probablemente se hubiera liberado de Perón mucho antes si los civiles hubieran tenido coraje y los militares, algo de inteligencia. Pero no: unos aplaudían desde los balcones, y los otros creían que con un bombazo solucionaban 10 años de decadencia institucional.
La historia dirá que el bombardeo no funcionó, que Perón sobrevivió y que al final se terminó yendo unos meses después, no por la bomba, sino por el hastío. Pero en el mientras tanto, el peronismo se consolidó como víctima eterna. Y eso vale oro electoral.
De mártires a mitos
Los muertos de Plaza de Mayo fueron víctimas de una Argentina partida. Pero en manos del PJ se convirtieron en próceres de una liturgia que ignora cualquier autocrítica. Como si el peronismo no hubiera sido una maquinaria totalitaria con culto a la personalidad, adoctrinamiento infantil y un control estatal que hacía sonrojar a la URSS.
Desde La Pocilga Online
Condenamos la violencia venga de donde venga, pero no dejamos de notar que el relato del bombardeo es funcional a un movimiento que siempre necesita enemigos para existir. Mientras tanto, nadie recuerda a las víctimas del estatismo, del clientelismo y del feudalismo del siglo XXI en provincias donde el PJ gobierna hace más que la Reina Isabel.



